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ARTICULO
Si en el mundo todavía hay alguna justicia divina, ésta se notó como nunca aquel día en que el ministro de Minería Laurence Golborne, lloró de emoción al conocer las primeras señales de vida de los 33 mineros atrapados en las entrañas de la Mina San José. Cuando mas de la mitad de los chilenos que seguían paso a paso las instancias del rescate, estaban pensando en su interior que tal vez ninguno estuviera vivo ya, se escuchó un auténtico grito de alegría y luego ese gesto de profunda emoción que llenó sus ojos de lágrimas, y que lo hizo inolvidable para muchos de los que ahí estaban y para quienes le vimos por televisión.
Golborne, un hombre que había sido ampliamente criticado por reír espontáneamente en medio de una acartonada jornada senatorial, era ahora homenajeado por un gesto de sensibilidad tan auténtica frente a la desgracia de gente que él ni siquiera conocía y que sin embargo, lo llevó a orar y luego llorar por ellos.
Bueno, esto me hace pensar que el alma humana está llena de altos y bajos, y que nada es absolutamente blanco o absolutamente negro. Somos capaces de hacer cosas tan impertinentes como reír de buena gana cuando debiéramos permanecer en silencio, como de emocionarnos y llorar cuando debiéramos permanecer impasibles. Pero todos estos "debiéramos" son un sin sentido cuando el corazón del hombre está puesto donde debe estar y nada pueda impedir que seamos quienes de verdad somos. Golborne ha demostrado ser humilde y auténtico, cualidades insospechadas para un Ministro de la República; sin embargo, son las cualidades correctas para hacer un gobierno humano y eficiente.
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