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ARTICULO
“La vida es sueño” como reflexionara
don Segismundo en la incomparable obra de Calderón de La Barca , preso en el cruel
encierro de su propio ego.
Pero el sueño también es
parte de la vida y algunos de ellos reflejan la vida misma tal como es. Anoche soñé con mi vida entera y ésta
transcurría en una sola historia, que comenzaba en un campo de basura y
terminaba en una interminable pradera verde.
Era un día cualquiera al
atardecer. Las casas de un barrio
acomodado, entre las que se encontraban varias de mis parientes de la niñez,
sacaban sus basuras en espera del camión recolector. Pero no era un día cualquiera. El día aquel era ese especial en el que se
pide a la vecindad que saque todo aquello que no usa y quiera desechar, dejando
la posibilidad de despejar sus casas de una vez .
En ese momento, sentí la
necesidad de recolectar, de reciclar, de aprovechar todo el desperdicio de
algunos en bien de una comunidad y me fui recorriendo los bienes en mal estado
y hacinados de todos aquellos que ya no los deseaban. No obstante, sus dueños, aunque no deseaban
tenerlos, tampoco permitían que les reciclara.
Parecían desear que todo se fuera tal y como ellos lo habían desechado. Me di cuenta que los bienes materiales, aun
cuando no sirven a nadie, siempre son codiciados inútilmente.
Rechazada por todos ellos, me
fui alejando del lugar no sin pesar, hasta llegar a un campo de deshechos de
comida en donde mis pies se hundían
descalzos en los desperdicios. No
obstante, seguía mi marcha hacia ninguna parte, con la convicción de que huir
de aquello era el único camino a seguir.
Luego venía la lluvia y el
frío, y me encontré entre mis brazos a un pequeño niño desnudo y aterido, que
se apegaba a mi pecho con desesperación.
Supe que era mi hijo, aquel que hace 34 años llenó mi vientre y mi vida
de un regocijo inmenso. Pero en ese
momento, en el del sueño, la vida transcurría a cada paso como una silenciosa
cadena de eventos desafortunados. Sin
embargo se acercaba la primavera, y mi
camino se iba despejando, la lluvia se detenía y el sol secaba mis ropas y las
del pequeño en mis brazos, que ahora sonreía.
Mis pies comenzaban a deslizarse por un pasto fresco y mullido, que
aliviaba mis cansados pies magullados y
descalzos.
De pronto, ya no había nada
mas que verdes praderas infinitas y un enorme cielo azul claro iluminando mis
mejillas…..se había ido el frío y las lágrimas, el niño en mi pecho crecía y
caminaba junto a mi ahora, tomando mi mano con firmeza. Entonces
me sentí por primera vez, feliz y protegida.
La soledad, la angustia de la huída y el desamparo habían pasado y el
niño en mis brazos era ahora un hombre que me cobijaba en su pecho con una gran
sonrisa.
En ese momento, despertaba a
la luz de la mañana en este cuarto iluminado de la casa antigua que ha visto
pasar todos mis días. Pensaba que aún
estaba dormida, pero no, ¡ Dios ¡, era
mi verdadera vida la que emergía del sueño con una luz divina…… y ahí
estaba el cielo mas azul que nunca, y el pasto mas verde que hubieran visto mis días. El hijo a mi lado, ya un hombre, me
sonreía. En ese momento dije en una
oración “Señor, si quieres puedes llevarte hoy mi vida, porque ya he llegado a
la parte de mi camino en donde tu serás mi guía”……
Y si la muerte no es otra
cosa que encontrar este camino de paz y luz que viera en mi sueño, espero a la
muerte con ansias, hoy día.
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