|
|
PUBLICIDAD
ARTICULO
¡Dios sí, Iglesia no!
Cuando aún resuenan los ecos de la polémica visita papal a Madrid, en la que tanto por simpatizantes como por detractores se utilizó de forma poco respetuosa la palabra Dios, habría que decir que ciertamente en la actualidad la palabra Dios va siendo relegada cada vez más a un segundo plano y todavía más la expresión «Dios en nosotros», en ocasiones incluso el usarla se puede interpretar como una provocación.
Sin embargo por doquier se oye hablar de las catástrofes que aquejan a este mundo y de cómo se comportan muchas personas con sus semejantes, viviendo en discordia con aquellos que no comparten su forma de pensar. La Tierra con sus animales y plantas, sufre bajo el fraude que se hace al poner a todo la falsa etiqueta de «cristiano», también por el egoísmo de los explotadores. Cada cual tiene sus argumentos para explotar la tierra, para torturar y matar a los animales y para destruir la naturaleza.
El número de personas que se sale de la Iglesia aumenta cada vez más. Una y otra vez se escucha hablar de los excesos de la casta sacerdotal, de falsedades, mentiras e innumerables perversiones. Muchos están decepcionados de su institución eclesial, en la que hasta ahora habían creído y donde estaban acostumbrados a buscar a Dios. Otros, por su parte, mueven incrédulos la cabeza y dicen: «¡Dios no existe! Y si existiese, ¿dónde está?».
Los superiores de la Iglesia ya no son dignos de crédito y los partidos debaten hablando del bien común y de asuntos sociales, pero si se observa todo más profundamente, se descubre que de lo que se trata es de dividendos bursátiles y del bien personal. Mientras a los ciudadanos se nos carga con impuestos y se nos desangra cada vez más.
Mientras el gobierno de muchos países de Europa, expresándolo en una imagen, sigan siendo los que sostienen el estribo de la casta sacerdotal, es decir, subvencionando a la Iglesia con miles de millones de euros al año, la situación no cambiará mayormente, porque el Estado confesional que sujeta el estribo, y a la vez el jinete confesional que conduce al caballo, no considerará necesario cambiar su comportamiento para con Dios y sus semejantes. Además, las Iglesias y catedrales son restauradas con miles de millones, que en definitiva tiene que aportar el Estado, es decir, nosotros los ciudadanos. Y esto, a pesar de que en las Biblias de los sacerdotes, a las que se remite la casta sacerdotal y que vende a sus fieles como la verdad absoluta, se lee: «Dios, que ha creado el mundo y todo lo que hay en él, Él, el Señor del Cielo y de la Tierra, no vive en templos hechos por mano humana».
¿Pero qué dijo Jesús de Nazaret? «Todos los que tomen la espada, morirán bajo la espada». Y este mundo muestra cómo somos los seres humanos: guerras, asesinatos, homicidios, hambre, sufrimiento, enfermedades, epidemias, martirio interminable de los animales; y luego surge la pregunta: ¿Por qué nos envía Dios tanto dolor y sufrimiento?, a lo que algunas personas dicen: «El cuento de Dios lo creí por un tiempo, pero ahora ya no lo creo. Dios no existe». Sin embargo no es el Buen Dios el que nos envía lo malo que viene a nosotros, somos más bien nosotros los que recogemos lo que hemos sembrado a través de nuestros pensamientos, palabras y actos negativos, oscuros, envidiosos y llenos de enemistad y odio, pues todo es energía y ninguna energía se pierde. Y todo esto con seguridad no tiene nada que ver ni con Dios ni con Jesús. Y de pronto viene una persona que se permite sostener la afirmación: Dios en nosotros.
De la Publicación gratuita: “Dios en Nosotros”
Vida Universal
Mª José Navarro
www.editorialvidauniversal.com
|
|