|
|
PUBLICIDAD
ARTICULO
¡Cada día tiene buenas intenciones para contigo!
Cada persona está sometida a su propia servidumbre que se manifiesta de
muchas formas, aunque casi siempre en forma de sufrimiento, preocupaciones,
necesidades o enfermedades. El primer paso para salir de este carrusel de
tristeza, sufrimientos y miedos lo encontramos en el día, el día de cada uno,
pues el día indica claramente aquello con lo que hemos cargado a nuestro cuerpo
y a nuestra alma, es decir, qué informaciones hemos introducido en nuestro cuerpo
y en nuestra alma. Por eso cada día nos trae una parte para que vayamos
deshaciendo poco a poco aquello que hemos creado de negativo, y que de otro
modo en algún momento podría volver a recaer sobre nosotros.
Puede que hoy hayamos comenzado el día con alegría, pero algunas horas más
tarde la imagen soleada y alegre de nuestro día puede cambiar de improviso, con
algo tan sencillo como encontrarnos con alguien que entabló una conversación
con nosotros y en la que se nos hizo consciente una situación relacionada con
nosotros mismos pero con un marcado tinte negativo. De pronto el nivel de
alegría baja y surge un soplo de tristeza, incluso de depresión. La
conversación ha tenido el efecto de unos nubarrones negros que han tapado la
sensación de felicidad, pero lo que sucedió no fue otra cosa que una indicación
que provenía de esa energía personal del día.
Justo en el momento en que estamos abiertos a comprender algo sobre
nosotros mismos, nos llega la información pertinente. Siempre en el justo
momento en que lo podemos comprender. Esta experiencia a priori nada agradable
podría considerarse como una revelación, un emerger de pensamientos e imágenes
que indudablemente nos van a ayudar a comprender una causa, y el sentido de
porqué bajo mi animo.
Nuestro día nos da muchas indicaciones en situaciones que nos quieren
explicar qué es lo que deberíamos cuestionar y superar. El día tiene buenas
intenciones para con nosotros, a pesar de que en ocasiones no nos agrade. El
día nos advierte oportunamente. El día, nuestro día, es un buen amigo. El
Espíritu de Dios, de nuestro Padre siempre procura hacernos reconocer a tiempo,
a través de nuestro día, lo malo que hay en nosotros para que lo superemos
antes de que irrumpa en nuestro cuerpo físico en forma de malestar o enfermedad
o quizá después de la muerte, en el Más allá como alma.
Cada día nos anima a reconocer las
muchas situaciones negativas para aprender de ellas y conducir a tiempo nuestro devenir como seres
humanos. Si la persona no aprovecha sus días terrenales, y a pesar de todos los
reconocimientos profundos da rienda suelta a sus pensamientos, palabras y
comportamientos negativos, después de la muerte física el alma irá de nuevo a
peregrinar a los reinos de las almas. ¿Y qué puede resultar de esos peregrinajes
del alma? Tal vez una nueva encarnación, es decir, un nuevo nacimiento como ser
humano en la Tierra;
de esta forma el alma, que se ha introducido en un nuevo cuerpo terrenal,
comienza de nuevo su andadura de aprendizaje como ser humano.
El ser humano con sus grabaciones de vidas anteriores sin purificar, es
decir, sin arreglar con su prójimo, denomina a su nuevo destino: “Mi dura
vida”. Pero la posibilidad de salir de la rueda de la reencarnación depende de
cada uno de nosotros, pues el peregrinaje del alma y las posibles encarnaciones
del alma en un cuerpo humano se prolongarán hasta que el alma y el cuerpo hayan
despertado en la consciencia de lo que significa en verdad la Vida y se decidan a dar la
vuelta y orientar su vida hacia una ética y moral más elevada, hacia el Amor
que es la verdadera vida.
Del Programa para Radio y TV: “La vida que yo mismo
escogí”
Radio Santec
www.radio-santec.com
|
|