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ARTICULO
¿Hasta donde llega la responsabilidad por nuestra vida?
De forma categórica el físico Hans Peter Dürr, exdirector
del Instituto Max-Planck de física de Munich, dijo: “Este mundo tangible, es
decir esto que llamamos materia, es en realidad la escoria del universo. Todo
lo restante es el Más allá, la amplia y enorme realidad”. Visto así, para
aquellos que creen en una vida después de la muerte, se podría decir que
nuestra alma se dirige tras la misma solamente allí donde en realidad ya estuvo
antes, hacia aquello que ha estado siempre.
Cuando el alma se ha
desprendido de su envoltura, del ser humano fallecido y ha desencarnado, lo
negativo que la persona introdujo en su interior se vuelve paulatinamente
activo. Y en relación a estas culpas activas el alma puede decidirse
libremente, o bien por seguir el camino de la purificación del alma, es decir
el camino de la redención que le es mostrado a través de las grabaciones que
hizo en su alma, o bien continuando tal como su ser humano era, por ejemplo viviendo
en la apatía y la indiferencia. En tal caso el alma es inabordable para los
valores elevados y para la vida en general. Si el alma se apega únicamente al
mundo imaginario de sus deseos, pasiones e instintos inferiores, permanece en
la mayoría de los casos en los reinos intermedios del Más allá, e intenta
succionar energía de seres humanos con debilidades parecidas a las suyas, según
lo que haya grabado en ella como impronta, como culpa.
El alma
está constituida por una estructura de partículas, mientras que el cuerpo
físico está formado por una estructura celular y tanto en su estructura celular
como en la estructura de partículas del alma, el ser humano graba el pro y el
contra de su carácter. Él graba los potenciales de energía a favor de la vida
como paz, seguridad y libertad, o energías en contra de la vida como ataduras,
discordia, egoísmo, violencia, en general lo excesivamente humano. Se trate del
ser humano o del alma, en ambos se halla el libre albedrío para decidirse
libremente a favor de la ley cósmica que es La Vida o contra la ley cósmica que
es la voluntad propia y el ego.
En la vida en la Tierra, tanto al ser humano como al alma
se le muestra constantemente la posibilidad de eliminar lo negativo, sus
cargas. Quizás se pregunte: ¿cómo? Gracias al
lenguaje del día de las cosas que ocurren en el trascurso del día, pues
cada día puede ser un día para reconocer alguna culpa y purificarla. Aquello
que hay que saldar, el ser humano lo capta en sus pensamientos y al mismo
tiempo en su conciencia, mientras que el alma en el más allá experimenta algo
parecido en secuencias de imágenes o en forma de sufrimiento o sentimiento de
dolor dependiendo de cuáles sean las respectivas causas. Por eso en base al
libre albedrío cada uno es al fin y al cabo el único responsable de su vida,
puesto que únicamente él determina si carga o libera su cuerpo y su alma.
Radio Santec
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